Hace dos años, la garrochista alemana Yvonne Buschbaum sorprendió al mundo cuando hizo público que era transexual. Hoy se llama Balian Buschbaum, y tras conseguir su nuevo nombre escribió la historia franca, conmovedora e inusualmente íntima de cómo se hizo hombre.
Con fragmentos de su propio antebrazo, los médicos le esculpieron el pene, y más tarde le implantaron una bomba con cuyo uso -según cuenta con todo detalle y mucho humor Bauschbaum- el atleta tuvo problemas en su "primera vez".
Cuando se despertó de la anestesia, contó en la televisión, mandó a sus amigos un sms: "Con orgullo puedo anunciar que estoy perfecta y completamente dotado. Me desperté con dos huevos espléndidos y una formidable erección matinal. ¿Qué más se puede pedir de desayuno?
El tinte grosero de la noticia oculta que Bauschbaum, a quien le encanta filosofar, en su libro analiza con todo detalle y profundidad su decisión de cambiar de sexo.
La decisión de su vida fue en última instancia una liberación. "Sentía como si hubiera tenido una tabla que me apretaba la cabeza, y que yo la tenía que quebrar", explica.
A partir de ahora, durante toda su vida el atleta tendrá que inyectarse testosterona periódicamente. Poco antes de cumplir los 30 años vive su segunda pubertad, se le enronca la voz y lanza frases del tipo "mi perro me obedece mucho más".
Con el libro, el atleta no busca idealizar su historia sino alentar y apoyar a otros u otras que no hayan llegado tan lejos como él, para que puedan liberarse de sus cadenas.
No por nada ahora puede hablar con todo derecho sobre "la soledad, la desesperación y la rabia interminable que me llevaron a buscar una salida de la esclavitud".
"Encontré mi equilibrio, llegué realmente al punto", dijo a la cadena de televisión RTL el ahora hombre de 29 años, que trabaja como entrenador en Maguncia.
"Resulta absolutamente fundamental seguir el propio camino y hacerlo sin esconder nada", agregó. Quien haya visto a la desenvuelta Yvonne Buschbaum en las muchas veces que fue campeona alemana o cuando se clasificó tercera en los Campeonatos Europeos de 1998 y 2002, se asombrará con las fotos con las que el atleta promociona ahora su biografía.
En ellas se ve un hombre de barba y torso descubierto, con un físico propio de una campaña publicitaria de jeans. Durante 27 años, el atleta sintió que vivía "en un cuerpo falso".
Tras el tratamiento de hormonas, la operación de más de nueve horas de sus órganos sexuales, intervenciones quirúrgicas en el pecho y una larga guerra burocrática, fueron posibles el cambio de sexo y la modificación del nombre.
Pero fue un largo y por momentos torturante camino el que culminó el día que Buschbaum apareció por primera vez en el entrenamiento. Allí lo esperaban sus colegas atletas y entrenadores con velas encendidas alrededor de la pista de salto. "Feliz cumpleaños. Bienvenido a tu nueva vida".
Bauschbaum recibió de regalo una muñeca de repostería. Tenía pelos hirsutos, hechos de varitas de chocolate. "Y un enorme falo de mazapán", contó el atleta entre risas.
Balian Bauschbaum, el atleta alemán que fue mujer y se hizo hombre
Buschbaum tuvo un miedo mortal cuando se tuvo que operar, en Potsdam, cerca de Berlín, pero su gran corazón de luchador le inspiró valor. "No es el momento de morir. Voy a vivir. Más que nunca antes", se dijo.























